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05. Proponer y rechazar argumentos disyuntivos y dilemas

5.B. Cómo se construye un argumento disyuntivo2

Siguiendo a Damborenea3, para construir un argumento disyuntivo debemos primero establecer la alternativa entre dos opciones que se consideran incompatibles, es decir, crear un juicio disyuntivo del tipo “O esto o lo otro”. Cuando se trata de preparar un debate, lo normal es que el propio título del debate ya presente esa alternativa (¿deberíamos perseguir la prostitución o la deberíamos proteger y legalizar?), que a su vez se puede desmenuzar en otras disyuntivas más simples o específicas (La prostitución ¿es una lacra social o un servicio a la comunidad? ¿Son libres las prostitutas o actúan coaccionadas? Etc.).

A continuación, construimos la segunda premisa y extraemos la conclusión, para lo cual tenemos dos posibilidades: o bien negamos un miembro de la disyuntiva o bien afirmamos el otro. Si hacemos lo primero, negando una parte (es imposible eliminar la prostitución, porque es el oficio más antiguo del mundo, siempre existirá de una u otra forma, etc.), entonces podemos concluir que la otra opción es la verdadera (debemos regularizarla…); y si hacemos lo segundo, cuando podemos demostrar la verdad de una (por ejemplo, señalando informes internacionales o ejemplos de países donde está regularizada, como Holanda, y no produce tantos perjuicios) concluiremos que la otra opción es falsa (no es necesario perseguirla, las medidas policiales no son la solución..4).

(En el ascensor: “¿bajas o subes?”).

(“No subo”) (“Entonces, bajas”)

“Bajo” (“Entonces, no subes”)

No debemos subestimar la solidez argumentativa y la brillantez de este tipo de argumentos cuando se usa en contextos reales y de forma más elaborada. La propia demostración por reducción al absurdo, tan utilizada en las ciencias como en la vida cotidiana, se basa en un argumento disyuntivo, que nos permite demostrar una verdad (como en el ejemplo dado en la definición) por una vía indirecta: demostrando que su contrario es imposible o absurdo (ergo…).

Tampoco debemos menospreciar la aparente sencillez del argumento disyuntivo, pues sólo podremos levantarlo a salvo de las críticas si cumplimos las siguientes condiciones:

Foto de una Rosa de los Vientos junto al mar

1º. La disyuntiva debe ser completa, exhaustiva. Esto es, no deben aparecer más opciones que las expuestas en la primera premisa (“O fumas todavía o es que has dejado de fumar”; “¡Qué va! Si yo nunca he probado el tabaco…”). En caso de haber más alternativas que las dos expuestas, nuestro argumento pierde su fuerza, por lo que debemos asegurarnos de ello. Incluso si es necesario, debemos pararnos a justificar el por qué de esa elección (“Sólo podemos ir a pescar en mayo o en junio, porque el resto del año hay veda”). Ahora bien, si existen más de dos alternativas, no habría problema en enumerarlas todas, para que nuestro argumento vuelva a estar completo. Así, en la disyuntiva: “o estudio matemáticas o estudio informática, porque son las dos únicas carreras que me gustan”, cabe una tercera alternativa: “o estudio ambas al mismo tiempo, porque se pueden simultanear”. En este otro caso, se enumeran varias opciones diferentes: “Si no ha venido a la fiesta será porque no ha querido, porque no le han dejado sus padres o porque no sabía dónde se celebraba”. También en estos casos, lo importante es no dejarse abierta ninguna puerta, ninguna otra alternativa imprevista, para que el argumento sea exhaustivo. Incluso ante una simple disyuntiva de dos miembros, siempre caben teóricamente cuatro posibilidades: o ambos son verdaderos, o ambos son falsos, o el primero es verdadero y el segundo falso o a la inversa. En estos casos, debemos ir resolviendo la disyuntiva por partes, descartando las que nos conduce a algo falso o absurdo, hasta quedarnos con la opción deseada. Veamos este magnífico ejemplo del viejo filósofo hedonista Epicuro5:

Ejemplo de Epicuro

O bien Dios quiere arrancar el mal de este mundo y no puede hacerlo, o bien puede hacerlo y no quiere; o bien ni puede ni quiere, o, finalmente, quiere y puede.

Si quiere y no puede, sería impotencia, algo contrario a la naturaleza de Dios;

si lo puede erradicar y no quiere, sería maldad, cosa no menos contraria a Él;

si ni quiere ni puede, sería a un tiempo maldad e impotencia;

si lo quiere y puede (la única de estas posibilidades acorde con Dios) cabe preguntarse, ¿de dónde procede el mal en la tierra?

2º. Las alternativas deben ser claramente excluyentes entre sí, es decir, que no puedan ser ambas verdaderas a la vez. De lo contrario, establecer la verdad de una no implicaría tener que aceptar la falsedad de la otra, y viceversa. El problema es que nuestro idioma permite utilizar la partícula disyuntiva “o” en un sentido no excluyente (“Pueden entrar en nuestro club gastronómico aquellos que estén casados o tengan al menos 18 años…” Y valdría decir: “o ambas cosas”, porque no tendría sentido pensar que la regla busca a “quien cumpla sólo una de las dos condiciones, pero no ambas”).

El caso es que, para construir nuestro argumento disyuntivo de una forma sólida, debemos asegurarnos que la disyuntiva que presentamos sí sea excluyente, cosa que ocurre normalmente en dos casos (ver el cuadro de opuestos de Aristóteles en el capítulo anterior: argumentos ex contrario): cuando se trata de opciones contradictorias (“O la figura es un triángulo o no lo es”) o cuando se trata de opciones contrarias (“o el hombre es bueno por naturaleza –Rousseau- o el hombre es un lobo para el hombre –Hobbes-”), y en tal caso, hemos de tener cuidado porque, como ya sabemos, aunque no podemos asumir los dos extremos a la vez (al menos que suframos doble personalidad esquizoide), puede que las dos opciones resulten igualmente falsas (“ni somos completamente buenos ni somos radicalmente malos, recordando la idea de ‘insociable sociabilidad’ de Kant”). En este caso, todo el argumento disyuntivo quedaría invalidado, al ser una falsa disyuntiva.

Cómo se construye un dilema

Un auténtico dilema ha de ajustarse a la estructura siguiente:

a) Existen solo dos opciones;

b) Una de las dos opciones tiene que ser necesariamente elegida;

c) Las dos opciones no pueden darse a la vez, ya que son incompatibles y

d) Las dos opciones tienen consecuencias negativas.

Dibujo de una carretera que se bifurca en otras dosComo observamos, las tres primeras condiciones coinciden con los argumentos disyuntivos, pero la cuarta es la que hace especial al dilema: en éste, no hay una solución satisfactoria, ambos cuernos son mortíferos y nuestro oponente se encuentra atrapado entre la espada y la pared, entre Escila y Caribdis. Para conseguir tal efecto, empezamos construyendo un juicio disyuntivo (1.“O subes los impuestos o los bajas, en esta situación no hay otra alternativa”), como en el caso anterior pero, a continuación, mostramos mediante dos premisas más que cada miembro de la disyunción produce un efecto indeseable (2. “Si subes los impuestos, asfixias a las empresas y a las familias”. 3. “Pero si bajas los impuestos, entrarás en déficit y no podrás mantener hospitales y colegios”); para finalizar, rematamos el argumento presentando de forma expresiva las nefastas consecuencias en un nuevo juicio disyuntivo, paralelo al primero (4. “Así que ya lo sabes: o te cargas la economía o te cargas los servicios sociales públicos”).

Los dilemas se denominan complejos cuando nos conducen a dos consecuencias diferentes (pero igualmente negativas), justo como en el ejemplo anterior; y hablamos de dilemas simples cuando ambos cuernos del dilema nos dirigen a una misma consecuencia indeseable (“Si vuelvo pronto a casa, te enfadas porque dices que te molesto; y si vuelvo tarde, te enfadas porque no te obedezco. ¿Qué quieres de mí, si haga lo que haga te vas a enfadar?”). Este tipo de dilemas tienen una gran fuerza dialéctica, pues conducen al contrario a un auténtico callejón sin salida. Los dilemas son especialmente útiles para atacar incisivamente a nuestro adversario y dejarlo en evidencia (“O el presidente sabía lo que estaba pasando o no lo sabía. Si el presidente X conocía el delito que cometieron sus subordinados, entonces es su responsable máximo y, por tanto, debe dimitir; y si el presidente no se enteró de lo andaban haciendo durante años, entonces nos gobierna un inútil o un pardillo y, por tanto, debería igualmente dejar su cargo”).

 


2. Para todo este capítulo de argumentos disyuntivos y dilemas, aconsejamos revisar el apartado de los argumentos ex contrario.

3. Gª Damborenea: Uso de Razón, http://cuestionaconoceycambia.files.wordpress.com/2012/06/uso-de-la-razc3b3n.pdf p. 225 y ss.

4. Optamos por esta solución de la disyuntiva de la prostitución a efectos puramente didácticos, por su sencillez y claridad. Desde luego, cabe la opción contraria. Vale decir lo mismo para todos los ejemplos y ejercicios que aparecen en esta y otras secciones de la web.

5. Gª Damborenea, op.cit., p. 235.

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