03. Presentar y cuestionar analogías
3.C. ¿Cómo se critica o cuestiona una analogía?
Lógicamente, los criterios que nos permiten indicar que una analogía es buena (relevancia, sistematicidad, consistencia y plausibilidad), nos dan las pistas para atacar la analogía presentada por nuestros oponentes.
Si tenemos en cuenta que la analogía incluye dos términos (el que llamamos análogo base –que algunos denominan foro-, el análogo meta –que llaman también tema- y la propia analogía o comparación entre ambos, podemos atacar el argumento analógico por tres frentes:
1º. Poner en duda lo que se afirma en el análogo base. ¿Es cierta la relación que en él se establece? ¿Qué pruebas aporta para respaldar dicha relación? En nuestro anterior ejemplo: ¿es cierto que hay una relación entre la virtud de una dama y sus apariciones “públicas”? ¿Su belleza y fragilidad se estropean cuando las “saca a pasear”? ¿Debe mantenerse guardada la doncella como oro en paño para que su fama no se enturbie?...
2º. Poner en duda lo que se afirma en el análogo-meta. ¿Es aplicable a esta situación la misma conclusión que aplicábamos al análogo-base? ¿Qué pruebas se dan de esa conexión? ¿Hay situaciones o casos similares al análogo-meta en las que no se dé esa relación? En el ejemplo: ¿realmente se deteriora la poesía por divulgarla entre la población o prodigarla en otros géneros? ¿Por qué? ¿Se corrompen de forma semejante la arquitectura o la música por ser disfrutadas por el gran público? ¿Otros tipos de poesía menos culta, como los romances, o géneros más populares como el teatro, ¿carecen de valor estético? Etc.
3º. Poner en duda la propia comparación analógica entre ambos casos; podemos hacerlo de varias formas:
- La analogía no es relevante para el caso que se trata. La comparación no es pertinente, porque no viene al caso, no tiene nada que ver. Es decir, las diferencias entre los dos casos son más relevantes que las semejanzas para el tema que se discute, por lo que resulta inservible. ¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? No mezclemos churras con merinas… En lo esencial, no se parecen ambas situaciones, porque... Monserrat Bordes6 cita un ejemplo claro de falsa analogía: durante el siglo XIX alguien criticó el desmesurado crecimiento de Londres y lo consideró muy perjudicial para Inglaterra, considerando que Londres era el corazón de Inglaterra, y un corazón inflamado era un síntoma de enfermedad. Evidentemente, las posibles semejanzas (Londres es la capital y el corazón es el órgano vital) resultan irrelevantes ante las evidentes diferencias: cuando una ciudad crece no tiene por qué explotar o deteriorarse pero para cualquier corazón, inflamarse es un síntoma realmente serio. Es decir, en asuntos de crecimiento, ¿qué tendrá que ver una ciudad con el corazón?

- La comparación se queda corta, no es sistemática ni consigue emparejar uno a uno los elementos de los dos casos, o son muy pocas las semejanzas entre ambas. O bien es superficial y nos quedamos con lo anecdótico, sin profundizar en la estructura, que ya no resulta tan semejante (basta leer algunos típicos chistes sexistas para hallar estas comparaciones superficiales7). Siguiendo el ejemplo anterior de Londres y el corazón humano, dejando a un lado las similitudes que son bastante superficiales y escasas, nos da poco que aprender si profundizamos en busca de más semejanzas, siempre dentro del tema que se está discutiendo (su tamaño).
- Carece de consistencia la comparación, porque cuando variamos algún elemento en el análogo-base no se observa la correspondiente variación en el análogo-meta. Es decir, el paralelismo no es estable. Por ejemplo, hay quien compara el déficit del Estado con las deudas de una familia: si gastamos más de lo que ingresamos iremos al final a la ruina. Sin embargo, cuando una familia recorta gastos, su balance mejora; pero cuando el Estado recorta sus gastos, es posible que sus ingresos también disminuyan (porque el propio Estado es un inversor que estimula la economía privada), con lo cual, el déficit en vez de disminuir, aumenta. No sigue el comportamiento previsible (esto ocurre al parecer con frecuencia en economía).
- La analogía es poco útil, carece de atractivo, o bien resulta mediocre y trivial, demasiado previsible para el oyente o, por el contrario, parece incomprensible y extraña porque enlaza a un tema desconocido y difícil para el gran público. Por tanto, poco plausible… Volvemos al ejemplo de la comparación entre la poesía y la doncella, que resulta extraña, anacrónica y poco útil, por estar alejada de nuestras ideas y costumbres actuales.
Pero, además de identificar sus fallos, existen otras dos posibles estrategias para tumbar una analogía falsa8:
- Presentar una analogía alternativa, que se adapte a nuestras intenciones argumentativas y deje en evidencia la analogía de nuestro adversario, al conducirnos a una conclusión totalmente opuesta: dices que el Estado debería comportarse como una familia ahorradora, y no gastar más de lo que ingresa; pero un Estado se parece más a la agricultura, porque lo que cosechas depende de lo que siembras y si las condiciones climáticas o del suelo son malas, deberás invertir más esfuerzo para seguir teniendo qué comer. Es una forma elegante y constructiva de criticar una analogía que consideramos errónea.
- Reducirla al absurdo. Una buena estrategia para descubrir los fallos de una analogía consiste en ponerla a trabajar llevándola hasta sus extremos o aplicándola a otro ámbito o tema diferente (si la analogía fuera válida, entonces en una situación extrema o distinta no debería producir resultados absurdos o exagerados). Podemos decir que se trata de un test de esfuerzo (como los realizados a los bancos y cajas de ahorro durante la crisis), para observar el comportamiento de algo si se le somete a un escenario crítico. Así, descubriremos sus inexactitudes, lagunas e inconsistencias con más facilidad. Por ejemplo: algunos se oponen a la llamada píldora del día después, aduciendo que se trata de un caso de aborto, pues comparan la eliminación del zigoto recién formado con la eliminación de un ser humano ya formado. Ante quienes les replican con las evidentes diferencias biológicas, responden que un zigoto (lo mismo vale para un embrión de seis semanas) no es una persona ya formada pero sí una persona en potencia y que cualquier obstáculo a su desarrollo sería un asesinato de una vida humana. Pues bien, amplifiquemos esta analogía llevándola a otro ámbito para ver si funciona: un zigoto es como una semilla; y es que una semilla no es un árbol, pero puede llegar a serlo (o sea, que una semilla es un árbol en potencia). ¿Diríamos que una persona que destruye un puñado de semillas es como un pirómano que destruye un bosque? ¿Debería metérsele en la cárcel, como pide la ley para el pirómano? Llevado a este extremo, se observa que el razonamiento parece absurdo, exagerado, poco razonable.

7. http://www.sexismo.com/chistes/hom_parecen.htm
8. Gª Damborenea: Uso de Razón, p.146. http://perso.wanadoo.es/usoderazonweb/html/PDF%20GLOBAL.pdf
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