02. Construir y rebatir argumentos condicionales
2.B. Cómo construir argumentos condicionales
La estructura lógica del argumento condicional es relativamente sencilla (aunque puede ser ‘rellenada’ a su vez con contenidos tan complejos como se quiera) y consta de tres partes básicas:
1. La primera premisa es un enunciado condicional del tipo “Si… entonces…”, con el cual enlazamos dos hechos o dos ideas, de tal forma que lo primero nos conduce a lo segundo, como una condición o un requisito que nos permite su obtención, o como una causa que produce un determinado efecto en el presente o que nos permite prever ciertas consecuencias en el futuro. La primera parte recibe el nombre de ‘antecedente’ y a la segunda se la llama ‘consecuente’. Aquí es fundamental exponer el orden correcto porque, como hemos dicho respecto a los argumentos causales, a veces se confunden la causa y el efecto. Igualmente, debemos preguntarnos si la condición que hemos puesto como antecedente es una condición suficiente o necesaria (o ambas cosas) para producir el resultado del consecuente (véase el apartado anterior sobre las causas necesarias y suficientes).
En el primer caso, establecemos una condición suficiente, que no tiene por qué ser la única que produce ese resultado (si llueve, el suelo se moja, pero si regamos con una manguera, también). Pero cuando se trata de una condición necesaria (sólo si tienes 18 años puedes obtener el carnet de conducir), entonces no hablamos de un simple condicional, sino de un bicondicional (Sólo si… entonces…), que tiene implicaciones más fuertes, pues funciona en las dos direcciones (si tengo 18 años, puedo obtener el carnet de conducir y si tengo el carnet, entonces es que tengo 18 años).

Es muy habitual confundir ambos tipos de enunciados y pensar que estamos ante un bicondicional, cuando en realidad estamos ante un condicional simple. Decimos: “Si eres español, puedes votar en las elecciones municipales” y entendemos erróneamente “Sólo si eres español…” (pero los extranjeros residentes también pueden hacerlo). Este es el origen de muchos errores y falacias con el argumento condicional como veremos más abajo.
2. La segunda premisa (también puede haber más de una) realiza una afirmación sobre el antecedente o el consecuente, que nos servirá de puente para alcanzar la conclusión final. Tenemos aquí, como ya hemos dicho en la definición, dos posibilidades igualmente válidas:
a) Afirmar que se está dando la condición; luego, podemos concluir que se da también el resultado. Has aprobado todas las asignaturas; por tanto, puedes obtener el título de graduado. (Modus Ponens)
b) Negar que se esté dando el resultado; luego, de ahí podemos concluir que tampoco se da realmente la condición. No puedes obtener aún el título; luego no habrás aprobado todas las asignaturas. (Modus Tollens)
3. La conclusión es ese paso nº 3. Una vez establecidas las premisas y si éstas son verdaderas, la conclusión caerá por su propio peso y la afirmaremos de forma totalmente necesaria. Nada tiene mayor fuerza probatoria que un argumento lógico deductivo. Dado que es verdad que si llueve el suelo se moja y que es verdad que ahora no está mojado… ¡no ha podido llover!
Una estructura tan sencilla como el condicional tiene sin embargo un enorme potencial práctico, pues no sólo la aplicamos a enunciados simples para construir un argumento, sino que podemos usarla para enlazar entre sí varios argumentos y alcanzar una conclusión general. Es decir, un discurso completo puede tener también una forma condicional (Si es verdad P1, P2, P3…, entonces es verdad Q).

Si no puedes volar, encontes corre;
si no puedes correr, entonces camina;
si no puedes caminar, entonces arrástrate.
Pero sea lo que hagas, sigue moviéndote hacia adelante".
Martin Luther King Jr.
Hablamos de argumentos concatenados cuando enlazamos el final (la conclusión) de un argumento con la primera premisa del siguiente y hacemos así una cadena que nos conduce a una conclusión final. Si A entonces, B; si B, entonces C; y si C, entonces D; por tanto, si A, entonces D. Este tipo de encadenamiento también se llama silogismo hipotético.
Silogismo Hipotético
“Si provocamos o permitimos una burbuja económica (A), ésta acabará explotando (B). Si ésta explota (B), las empresas afectadas acabarán en quiebra (C). Si quiebran las empresas (C), los trabajadores se irán a la calle sin protección alguna (D). Por tanto, quien provocó o permitió la burbuja (A) será el responsable de los millones de parados actuales (D).”
- Aquí van algunos ejemplos más poéticos de concatenación4:
"Mal te perdonarán a ti las horas,
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años."
Luis de Góngora
"No hay criatura sin amor,
ni amor sin celos perfecto,
ni celos libres de engaños,
ni engaños sin fundamento."
Ventura Ruiz Aguilera
"Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar."
Antonio Machado
Otras veces, no enlazamos los argumentos que nos conduzcan a la conclusión de forma lineal o secuencial, sino en paralelo, cooperando todos ellos para alcanzar el mismo fin. Esto puede sernos útil cuando creemos que un argumento por sí solo puede resultar insuficiente o débil para apoyar nuestra tesis, o bien porque nos enfrentamos a un público variado. Estamos hablando pues de argumentos co-orientados5, que pueden ser de dos tipos:
1. Conjuntivos (los argumentos se suman todos para apoyar la tesis de forma coordinada y más sólida, pero cada uno por separado no parece suficiente para llevarnos a ella) usamos conectores como “además”, “y también”, “incluso”: Si A y B y C, entonces D”
“Podemos continuar explotando los pozos petrolíferos, pero estos acabarán agotándose. Y también podemos buscar depósitos de gas en el subsuelo, mediante el fracking, que igual se agotarán; incluso podríamos apostar por la energía nuclear, pero las reservas de uranio también son limitadas (además, el carbón ya es una fuente de energía minoritaria). Por tanto, sólo las energías renovables tienen futuro”.
2. Disyuntivos (varios argumentos expresan alternativas distintas pero que nos conducen todas ellas, de forma convergente, a la misma conclusión, cada una, por separado parece una razón de suficiente peso, pero se abunda en otras que despejen toda duda) hallamos conectores como “o… o…”, “o bien”, “por otra parte”. Si A o B o C, entonces D. (Ver la sección de argumentos disyuntivos y dilemas).
“Te aseguro que este año me compro la moto: o bien le saco el dinero a mi abuelo que está sobrado con la paga de Navidad, o bien me esfuerzo en aprobar todas las asignaturas y mis padres me lo recompensan. Por otra parte, tengo unos cuantos ahorrillos que me permitirían pagármela a plazos, así que…”
En un debate son importantes los argumentos condicionales (en cualquiera de las tres modalidades antes señaladas) por lo siguiente:6
- Para presentar nuestros argumentos: Exponemos la primera premisa en forma hipotética para que se acepte con más facilidad (tenemos que cerciorarnos de encontrar buenas conexiones causa-efecto, fin-medios o acción-consecuencias. Si la segunda premisa constituye un hecho indiscutible, será difícil que puedan rebatir nuestra conclusión.
- Para rechazar argumentaciones de nuestro contrincante: La estructura del modus tollens en la argumentación condicional causa-efecto, una valoración negativa de los medios en relación al fin propuesto (en el argumento condicional fin-medios) o unas consecuencias más negativas en los argumentos acción-consecuencias, permiten rechazar la argumentación del contrincante.
- Para analizar las alternativas de que se dispone: Podríamos tener varias alternativas (A o B o C...) y necesitamos valorar cada una de las alternativas, teniendo en cuenta diferentes criterios de valoración de las alternativas. Ejemplo: Podemos usar energías renovables o energías tradicionales. Si usamos energías renovables entonces contaminamos menos (criterio ecológico). Si usamos energías tradicionales entonces ahorramos más (criterio económico).

4. Poemas concatenados, en http://retorica.librodenotas.com/index.php?id=33 por Ángel Romera.
5. H. Marraud: ¿Es lógic@?, Ed. Cátedra, p. 56 y ss.
6. Ricardo García Damborenea: Uso de razón, www.usoderazon.com/. Consultado el 29-08-2013.


