0. Introducción a las estrategias contaminantes
Aunque en el debate se trate de convencer y persuadir al auditorio (a tus contrincantes, a los jueces o al resto de los oyentes), debes hacerlo mediante argumentos y no mediante trucos manipuladores usados para sacar ventaja. Podemos decir, pues, que no todo vale en un debate.
Es necesario que haya buenas prácticas en la argumentación, de acuerdo con las reglas básicas del debate que te hemos explicado en el apartado de la buena argumentación. En consecuencia, debes evitar las estrategias contaminantes, es decir, aquellas estrategias que sólo sirven para que en el debate no se examinen en profundidad los argumentos o razones que avalan los puntos de vista enfrentados.

Quien maneja, consciente o inconscientemente, estos usos contaminantes impide que el debate transcurra, como en el caso de los ríos, por sus propios cauces, que no son otros que las buenas maneras basadas en buenos argumentos o buenas razones. Puede decirse que la "retórica puede hacer más persuasivos y agradables de seguir los buenos argumentos. Sólo cuando la retórica está al servicio del mal razonamiento deviene un problema"1.
Aunque no son propiamente falacias o errores en la argumentación, tales estrategias contaminantes son inadecuadas porque buscan ganar mediante el juego sucio, como ocurre con las malas tácticas de los equipos de fútbol (faltas, pérdida de tiempo, etc.). Si te los presentamos es para que los conozcas, y puedas así defenderte cuando aparezcan en algún debate.
Te recomendamos, no obstante, el juego limpio, la deportividad en el juego de la argumentación que se da en el debate. Con ello lograrás dos cosas importantes: respetar a tu contrincante y hacer que el debate avance limpiamente. En todo caso, si detectas que tu contrincante usa (conscientemente o inconscientemente) dichas estrategias contaminantes, entonces ponlo de manifiesto para que lo conozcan los jueces y los oyentes.

"Como toda persona razonable piensa y es evidente, yo siempre tengo razón y usted está equivocado".

1. Frase tomada de Julian Baggini: ¿Se creen que somos tontos?, Paidós, 2010, p. 301.

