Aprender a Debatir

3. Cómo refutar argumentos

3.3. Cómo atacar la conclusión

"El destino mezcla las cartas, pero nosotros las jugamos."

(Atribuido a A. Schopenhauer)

Puede resultar que nuestro oponente tenga en su mano mejores cartas que las nuestras. A veces, nos encontramos con que los argumentos de nuestro contrincante están muy bien construidos, “muy bien armados” de razones, datos, ejemplos y matices, citas y pruebas de todo tipo, de forma que destruir las premisas en que se fundamentan no resulta nada fácil. Miramos nuestras cartas y parece que la partida está perdida. Pero espera, no tires la toalla todavía: aún te quedan otras opciones para atacar la credibilidad de su posición. Como decía el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, existen dos vías para derribar el argumento de nuestro contrincante: “a) la refutación directa y b) la indirecta; la directa ataca la tesis en sus fundamentos (derribando las premisas que la sustentan para hacerla caer), mientras que la indirecta ataca a la tesis o conclusión por sus consecuencias5.”

Imagen donde pueden verse los naipes de una baraja española

Por ejemplo, sería muy difícil echar abajo la confianza en las medicinas que nos recetan los médicos intentando derribar su credibilidad (por la investigación de laboratorio que hay detrás de cada medicamento, por los síntomas presentados por el paciente, la autoridad científica del doctor, etc.). Pero, aún así, hay una forma de refutar la conveniencia de algunos de esos fármacos (por ejemplo, los analgésicos, corticoides y antiinflamatorios, dirigidos a calmar el dolor de nuestro cuerpo o aminorar los síntomas, pero no a curar la enfermedad), mostrando el efecto pernicioso que éstos producen en nosotros a corto, medio o largo plazo sobre nuestra salud. Mira el siguiente video y fíjate en cómo razona el presentador su oposición a esos fármacos.

 

Básicamente, en esto consiste una refutación indirecta. En definitiva, podemos rechazar la conclusión de varios modos:

a. Teniendo en cuenta las consecuencias negativas que se seguirían de admitirla y

b. Por medio de  la reducción al absurdo, mostrando que nos conduce a una contradicción.

c. Buscando un contraejemplo que contradiga la tesis o conclusión general.

a. Consecuencias negativas

Una de las formas de rechazar la conclusión de un argumento expuesto por tu oponente es llevarla hasta el extremo y ver las consecuencias negativas que se derivarían si se admitiera. Así, por ejemplo, ante el elevado número de accidentes de tráfico de los jóvenes alguien podría concluir que "debe prohibirse el consumo de alcohol en nuestra sociedad". Si llevamos a sus consecuencias esta conclusión (¿qué pasaría si el consumo de alcohol fuese prohibido?), a pesar de parecer en principio una propuesta razonable, podría indicarse sus efectos negativos en la economía (desastrosos para los productores de vino y miles de trabajadores, el negativo descenso en recaudación de impuestos, etc.) o incluso en la vida social (se podría recordar lo que ocurrió en Estados Unidos con la famosa ley seca, que condujo a un aumento de delitos por parte de la mafia). Evidentemente, si nosotros rechazamos con estos argumentos la prohibición total del alcohol, entonces nuestro oponente también puede mostrar las consecuencias negativas del consumo generalizado de bebidas alcohólicas, como hacía esta publicidad gráfica del siglo XIX:

 Imagen publicitaria del siglo xix llamada "El progreso de los borrachos", donde se ilustran las diversas consecuencias que supone el consumo de alcohol, desde menor a mayor consumo.

Por otra parte, habrás de tener cuidado para no abusar de esta estrategia6 porque, ciertamente, de cualquier creencia o conducta (incluso de aquellas que consideramos buenas o beneficiosas) se pueden seguir consecuencias negativas: viajar puede significar exponerse a tener un accidente, amar a alguien puede suponer que nos expongamos a la infidelidad o perder independencia, ayudar a una ONG como voluntario puede suponer que descuidemos nuestra familia u otras obligaciones, etc. Sin embargo, esto no quiere decir que no sea razonable y positivo el poder viajar, amar a alguien o ser voluntario en una ONG.

Por eso mismo, rechazar un argumento del contrincante apelando a algún riesgo o consecuencia negativa sólo resultará útil cuando estés seguro de que las consecuencias negativas sean desproporcionadas (es decir, cuando dichas consecuencias negativas superen claramente a los beneficios que suponen llevar a cabo tales conductas o defender esas creencias.) Así, por ejemplo, si nuestro contrincante defendiera que el viaje turístico en avión es perjudicial, pues se expone uno a sufrir un accidente, puedes poner en una balanza mental los aspectos positivos (los aviones son un transporte seguro, el avión ahorra tiempo y abarata los precios, la compañía que fleta el avión revisa los aviones y contrata a pilotos expertos) y los aspectos negativos (puedo sufrir un accidente). Así dejarás en evidencia que la postura del contrincante no es razonable y puede quedar refutada por las consecuencias que se seguirían de no usar el avión, ya que en este caso, los aspectos positivos superan a los negativos.

De forma esquemática:

(1) Argumento del contrincante:

Si uso el avión puedo sufrir un accidente grave y no sobreviviré

Es terrible sufrir un accidente y no sobrevivir

Por tanto, es mejor no usar el avión

(2) Tu refutación:

Si uso el avión, que es un transporte seguro (al menos más que otros medios de transporte), con esa compañía que revisa los aviones y contrata pilotos expertos, entonces muy probablemente no sufriré un accidente y llegaré bien a mi destino.

Por tanto, no es mejor no viajar en avión.

 

b. Reducción al absurdo

Otra de las formas de atacar la conclusión es usar el procedimiento que se denomina reducción al absurdo. Este procedimiento consiste en asumir la conclusión pero mostrando que dicha conclusión encierra una contradicción. Si alguien dijera:

A: No acepto tu opinión sobre este tema, porque es una opinión relativa. Yo defiendo que  "todo es relativo".

Su  oponente podría contestar:

B: Si todo es relativo, también es relativo que "todo es relativo". Por tanto,  no todo es relativo.

(En este caso, B ha mostrado que "todo es relativo" encierra una contradicción. Por un lado se afirma que "todo es relativo" y, si es esto es verdad, entonces "todo es relativo" no es relativo, lo cual es contradictorio, absurdo).

Foto de un callejón muy estrecho que no tiene salida.Usada frecuentemente en las matemáticas, la demostración llamada por reducción al absurdo  se basa en que si a partir de una tesis X llegamos a una contradicción lógica (la afirmación simultánea de A y de no-A), entonces dicha tesis tiene que ser rechazada porque nos lleva a una especie de callejón sin salida, a un imposible. Si, de esta forma, demostramos que X es imposible, es decir, falsa, entonces lo contrario de X debe ser verdadero.

Con este método demostró hace más de dos mil años el matemático griego Euclides que los números primos son infinitos, haciendo ver que suponer lo contrario (un número primo mayor que todos los demás) nos lleva al absurdo de tener que admitir a partir de él la existencia de otro número primo mayor que él. Aquí va el video de la demostración, esperamos que la entiendas:

 

 

c. Contraejemplos

Presentar contraejemplos que permitan demostrar que la conclusión o tesis general falla en algún caso relevante o no se corresponde siempre con la realidad. Aunque suele decirse que la excepción confirma la regla, lo cierto es que un contraejemplo (real, confirmado y que venga al caso), pone en entredicho la verdad sostenida por nuestro oponente.

Así, por ejemplo, podríamos citar no uno, sino decenas de contraejemplos a la tesis general que presentábamos más arriba: la necesidad de prohibir el consumo de alcohol, para evitar los problemas que éste conlleva. Pues bien, hay muchos países en los que el alcohol no está prohibido y, tomando otras medidas preventivas y educativas, se evita las secuelas sociales que éste puede provocar entre la juventud. (Ver sección de los esquemas argumentativos referido al uso de ejemplos)
 

5. Schopenhauer, DIALECTICA ERÍSTICA, Trotta, Madrid, 2011, fragmento tomado de "La fauna de las falacias", Luis Vega, Trotta, 2013, p. 331.
6. Montserrat Bordes, Las trampas de Circe, Cátedra, 2011, p. 223-225.

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