Aprender a Debatir

3. Cómo refutar argumentos

3.2. Cómo atacar las premisas

Dibujo del mástil de un barco pirata donde puede verse la bandera del mismoComo acabamos de decir, una de las formas de refutar la argumentación de tu oponente consiste en debilitar su argumento atacando las premisas en que se apoya. Una premisa es una afirmación que, en caso de ser verdadera, respaldaría a su vez la verdad de la conclusión o tesis que hemos expuesto. De forma simplificada, todo argumento está compuesto de tres elementos:

 

1ª premisa: "Si se legalizan las drogas, será más fácil acceder a ellas"

2ª premisa: "Si se accede más fácil a las drogas, su consumo se dispararía”

Conclusión: "No se deben  legalizar las drogas”.

Podemos decir que estas tres partes responden a su vez a estas tres preguntas (aunque ahora empezaremos por el final):

  • La conclusión o tesis defendida por nuestro oponente, responde a la pregunta: ¿Qué se pretende afirmar?  “Que no se deben legalizar las drogas”
  • La segunda premisa expresa la razón o el dato que lleva a la conclusión: ¿Por qué afirma eso?  “porque con la legalización de la droga, su consumo se dispararía”
  • La primera premisa, expresa el fundamento o garantía última que permite conectar la segunda premisa con la conclusión. Responde a la pregunta: ¿En qué se basa para afirmarlo? “en que la legalización haría mucho más fácil el acceso a dicha droga” o dicho al contrario, “que la prohibición dificulta el acceso y por tanto, el consumo de una droga”.

Si nuestro adversario consigue demostrar que dichas premisas son verdaderas, resultará muy difícil que la conclusión no se imponga también como verdadera por su propio peso. Éstos son, por tanto, los barcos que debemos abordar en primer lugar.

Ya en la Edad Media se utilizaba la expresión "Niego la mayor" o "Niego la menor” refiriéndose a un tipo de argumento (el silogismo)  en el que existían 2 premisas (premisa mayor y premisa menor). Hoy podríamos decir que todo argumento se basa en un principio general y en la aplicación de dicho principio a la cuestión concreta que estamos tratando. Y ambas premisas nos conducirían inevitablemente a aceptar la conclusión.

Ejemplo

Premisa mayor: Toda forma de arte merece ser conservada

Premisa menor: La fiesta taurina es un arte

Conclusión: Por tanto, la fiesta taurina merece ser conservada

a. Negar la premisa mayor

(Es falso que toda forma de arte merece ser conservada)

Con esta estrategia, nos olvidamos de la otra premisa y de la conclusión: vamos directamente al principio general, al fundamento último en el que se basa el razonamiento de nuestro oponente. Así que desacreditamos todo el razonamiento desde su base: si demostramos que el argumento se basa en el fondo en una idea equivocada, en un pensamiento erróneo, entonces el argumento está viciado desde el principio. 

Así, en el ejemplo, podríamos indicar que no todas las formas de arte merecen ser conservadas, en especial aquellas que producen un daño innecesario a los seres vivos. ¿Defenderíamos la permanencia de rituales tan expresivos y con tanta fuerza estética como un sacrificio humano? Fueron tradiciones bien asentadas en su día. Luego conservar lo establecido, por muy artístico que pretenda ser, carece de justificación de forma indiscriminada.

b. Negar la premisa menor

(La fiesta taurina no es una forma de arte)

Aunque demos por buena la idea general o garantía de base (“el arte debe ser conservado”), consideramos que no se puede aplicar a este caso concreto del que hablamos (el toreo) debido a que no cumple los requisitos exigidos. Así, por ejemplo, podría decirse que el auténtico arte genera en quien lo contempla una emoción estética, lo cual no se produce en las personas a las que les repugna contemplar el sufrimiento animal. Buscaríamos en un diccionario la definición de arte, analizaríamos varios tipos de arte comúnmente aceptados y explicaríamos las diferencias con respecto al toreo y lo que sus defensores proclaman como arte.

En este punto, cuando atacamos la premisa menor y afirmamos que no se puede aplicar el principio general (la mayor) a este caso concreto que estamos discutiendo (aquí, los toros) hemos de tener cuidado, ya que a veces incurrimos sin darnos cuenta en la llamada falacia del “ningún escocés verdadero”4. Esta es la historia:

Foto de un escoclés con el traje típico y tocando la gaitaUna mañana, un escocés está leyendo un periódico y lee sobre un maniático sexual inglés que ha atacado nuevamente a varias mujeres. Muy indignado, el escocés asegura que “ningún escocés haría algo así”. Al día siguiente, lee un artículo sobre un escocés que ha hecho cosas peores que el inglés, y exclama “no será un auténtico escocés, porque ningún escocés verdadero haría algo así”.

Si nuestro oponente se refugia en este tipo de argumentos para esquivar nuestra crítica a su premisa menor, podemos acusarle de caer en la falacia del “ningún escocés verdadero”: “pues sí, fulanito es escocés y sin embargo, mira cómo actúa” (en nuestro caso taurino, podrían replicarnos: “pues sí, matan al toro, pero aún así es un arte, por esto y por aquello…”).

Ahora bien, hay casos en que el argumento de “ningún escocés verdadero” no resulta falaz, como cuando decimos: “ningún verdadero vegetariano come carne”. Esto no es una falacia, sino una regla general correcta que cuando se aplica a un caso particular (“a Pepe le encanta el chuletón de buey”) nos permite extraer la conclusión correspondiente (“Pepe no es un auténtico vegetariano”). La forma de saber si estamos haciendo un uso falaz o correcto del argumento del escocés, consiste en poner juntos los conceptos que se están tratando y ver si realmente son incompatibles entre sí (ser vegetariano y comer carne sí es, lógicamente, incompatible; pero haber nacido en Escocia y ser un maníaco sexual no son términos lógicamente incompatibles, de hecho, son dos cosas totalmente independientes). ¿Podría ser compatible el carácter artístico del toreo con el hecho de que produzca un sufrimiento gratuito y cruel al animal?

Para concluir esta sección, recordaremos que no solo podemos atacar las premisas de un silogismo clásico como los que hemos visto aquí, sino que también pueden atacarse las premisas (o, al menos, la premisa fundamental) de cualquier tipo de argumento mostrando que tales premisas son falsas o son dudosas y débiles.  El modo de atacar dichas premisas dependerá del tipo de argumento que tratemos de refutar (causal, analógico, por generalización, definiciones, dilemas, etc.) como ya hemos mostrado en las distintas secciones del apartado de Técnicas argumentativas.

 


4. Ver las direcciones: http://es.wikipedia.org/wiki/Ning%C3%BAn_escoc%C3%A9s_verdadero y http://sunombreenvano.blogspot.com.es/2011/06/la-falacia-del-verdadero-escoces-del.html

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