Aprender a Debatir

01. Establecer y discutir las causas

1.A. Introducción

Imagen donde pueden verse varias calabazas

Para conocer cómo son las cosas nos basta con describirlas. Por ejemplo: las estadísticas muestran que el abandono escolar en España es de los más altos de la OCDE. Ahora bien, para comprender por qué las cosas son como son, más bien tenemos que explicarlas, es decir, investigar las causas que han producido esos hechos o esa característica particular: ¿por qué se produce dicho abandono escolar, qué causas lo motivan? Pues bien, un argumento causal es aquél que explica y conecta determinado hecho (al que llamamos efecto) como consecuencia de determinadas causas (si el argumento causal es sencillo, tendrá una sola causa; pero con frecuencia la realidad hace el asunto más complejo, interviniendo a la vez varias causas). A veces, la causa es remota y entre aquella y el actual efecto se interpone una cadena de causas intermedias. Escucha la siguiente historia sobre una causa remota; el autor, Jorge Bucay (Cuentos para pensar), trata de responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué no se escapa el elefante del circo cuando lo encadenan a una ridícula estaca clavada en el suelo? Pincha para ver el video:

Sobre esta historia se nos ocurren un par de reflexiones que nos parecen interesantes:

1. Preguntar por qué y por qué y por qué, debe ser uno de los instintos inscritos en nuestro ADN, y es que no hay niño sobre la faz de la tierra que no acribille a sus padres con semejantes preguntas. Al parecer, un científico no es más que un niño que se niega a crecer y a dar por obvias las respuestas de los adultos. Bien hecho.

2. Si encontrar buenas respuestas es una ciencia, hacer buenas preguntas debe ser como la magia o como el arte más difícil e inteligente del mundo. La razón es la siguiente: todos sabemos que es muy difícil dar una respuesta inteligente a una pregunta estúpida… sin embargo, ante una pregunta brillante, original y profunda no importa que no haya (todavía) respuestas, pues su sola presencia produce más luz que una central nuclear. Alguien de repente levanta la mano y pregunta algo sorprendente. ¿Por qué a nadie se le ocurrió antes hacer semejante pregunta? Lo dicho: o es un arte o es magia.

Postdata: ¿alguna vez un ordenador será tan inteligente como para hacerse preguntas igual que un niño o un genio?

Fotografía de una bacteria e-coliContinuemos. Conocer el porqué o conocer las causas de lo que ocurre no tiene simplemente un interés teórico o científico (claro que nos gusta saber por saber, como decía Aristóteles), sino también un tremendo interés práctico: ¿cómo podría la medicina curar una enfermedad si no descubre antes sus causas? El investigador (por ejemplo, el epidemiólogo) se tiene que convertir en un auténtico detective y buscar a ese cruel asesino múltiple (a veces una simple bacteria) con el fin de apresarlo y así desactivar sus peligrosos planes. Definitivamente, conocer las causas nos permite controlar o intervenir sobre los efectos (los síntomas, las dolencias), incluso nos permite a veces adelantarnos y prevenir su aparición. No importa que hablemos de la gripe aviar o del abandono escolar en nuestras aulas, si establecemos correctamente las causas de un problema, también estaremos aproximándonos sólidamente a su solución. ¿Puede haber argumento más sólido en un debate? A continuación, para disfrute de morbosos, un caso de epidemiología y una bacteria asesina: la E.coli, que florece en nuestro intestino. Pincha en el video.

 

 DEFINICIÓN DEL ARGUMENTO CAUSAL

Llamamos argumento causal a aquél que explica determinado fenómeno como efecto o resultado de la existencia de otro fenómeno que, de forma suficiente y necesaria, regular y significativa, lo causa o condiciona. Decimos entonces que ambos fenómenos están correlacionados como causa-efecto.

Dicho con un ejemplo sencillo: si dejo mi coche al sol, se calienta; y cuando no lo dejo al sol (sino a la sombra), no se calienta tanto; suele calentarse siempre que lo dejo al sol y, por último, es lógico que ocurra esto, porque el sol emite rayos caloríficos (como los infrarrojos). Por tanto, los rayos del sol son la causa de que mi coche se caliente.

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