Aprender a Debatir

3. Inversión de la carga de la prueba

a. Historias sobre la inversión de la carga de la prueba

  • Existencia de seres fantásticos1

Imagínese que alguien le dice que en algún punto por debajo de la superficie de Plutón, hay un ser verde diminuto que le envía mensajes psíquicos cada medianoche... Usted pide pruebas de la veracidad de esta declaración, pero le responden diciendo: ¡Demuéstreme que es incorrecto!

Investigar esta afirmación estaría más allá de los límites de la tecnología actual, pero ¿significa eso, por tanto, que tenemos buenas razones para tomar esta afirmación en serio?, ¿qué pasaría si adoptamos este criterio siempre que queramos establecer una afirmación? Gastaríamos innumerables vidas investigando reclamaciones fantásticas sin formas prácticas de investigar y despidiendo cualquier escepticismo con un coro monótono de: 'Usted no puede demostrarme que es incorrecto!

Cuando alguien hace una afirmación, la obligación recae en él para apoyar su afirmación. No es la obligación del oyente probar que tal afirmación es falsa.

Foto de una persona en actitud de escucha con la mano en su oreja

  • ¿Y por qué no?

A veces se suele recurrir al uso de la muletilla “¿y por qué no?”. De ser un resorte adecuado contra las tradiciones vetustas, a favor de las nuevas maneras de vivir y de la tolerancia, se puede convertir en una coletilla rechazable que evita a la persona que la pronunciaba el tener que justificar por qué le parecía conveniente hacer esto o lo otro. En su lugar, lo despacha con un simple ¿y por qué no? Trasladando a la otra persona la pesada carga de buscar razones en contra.

  • Los "juicios de Dios" medievales

Imagen de un cuadro donde puede verse a dos personas casi desnudas que son atadas por el cuello a un poste durante un juicio medievalEl avance histórico hacia un sistema judicial como el que existe en la actualidad ha sido lento. En otras épocas los sistemas judiciales no garantizaban juicios justos. Tomemos el ejemplo de las "ordalías" o "juicios de Dios" como pruebas realizadas especialmente en la Edad Media en Occidente, con el fin de que los acusados probasen su inocencia. El origen de las ordalías era corriente en los pueblos primitivos, pero fue en la Edad Media cuando tomó importancia en nuestra civilización.

Varios eran los sistemas que se usaban en las ordalías. En Occidente se preferían las pruebas a base del combate y del duelo, en los que cada parte elegía un campeón que, con la fuerza, debía hacer triunfar su buen derecho.

La ordalía por medio del veneno era poco conocida en Europa, probablemente por la falta de un buen tóxico adecuado a este tipo de justicia, pero se utilizaba a veces la curiosa prueba del pan y el queso, que ya se practicaba en el siglo II en algunos lugares del Imperio romano. El acusado, ante el altar, debía comer cierta cantidad de pan y de queso, y los jueces consideraban que, si el acusado era culpable, Dios enviaría a uno de sus ángeles para que no pudiese tragar aquello que comía.

La prueba del hierro candente era muy practicada. A veces se sustituía por agua o aceite hirviendo. El acusado debía coger con las manos un hierro al rojo por cierto tiempo. Luego se examinaban las manos para descubrir si en ellas había signos de quemaduras que acusaban al culpable. Si la mano salía sin daño, el acusado era considerado inocente.

b. Definición

Foto donde puede verse a una persona cargando numerosos bultos sobre su espalda

El onus probandi (o carga de la prueba) es una expresión latina que se usaba en los tribunales de justicia. Se consideraba que cuando alguien hace una afirmación nueva que no está aceptada por todos entonces debe aportar las pruebas que justifican dicha afirmación. El peso de la prueba recae, pues, sobre aquél que introduce una afirmación nueva sobre un tema que se está debatiendo. Eso es lo que ocurre en los tribunales: lo que hacemos es considerar a alguien inocente... mientras no se demuestre que es culpable. Esto es así porque lo habitual es que las personas no cometan delitos. Por eso mismo, como el delito no es habitual entonces es necesario probar que la persona acusada ha hecho algo nuevo: ha cometido un delito. La carga de la prueba la tiene la acusación: ha de probar que la conducta del acusado no es la habitual, que ha cometido un delito. Sólo cuando se prueba esto dejará de ser considerado inocente y se le considerará culpable. Por tanto, como subraya nuestro Derecho nadie es culpable mientras no se haya probado que lo es.

Dibujo de un juicio donde aparece el juez, los abogados...

La estrategia conocida como inversión de la carga de la prueba consiste, por el contrario, en trasladar al contrincante la obligación de justificar una nueva afirmación: en lugar de aportar razones para defender el propio punto de vista, se exige al contrincante que sea él quien aporte razones para mostrar que uno está equivocado. Lo cual viene a equivaler, en el mundo jurídico, a que sea el acusado (y su defensor) quien demuestre su inocencia.

  • Ejemplo:

A: Un sistema político republicano es más estable que uno monárquico.

B: ¿Puedes justificar tu afirmación?

A: ¿Acaso tú puedes probar que estoy equivocado?

(A desplaza la carga de la prueba sobre B. En lugar de aportar razones para mostrar la mayor estabilidad de los países republicanos, pide a B que aporte razones para mostrar que está equivocado. B actúa correctamente en el debate al pedir a A que justifique su afirmación, puesto que A ha olvidado basarla en razones. Por el contrario, A no ha actuado correctamente al pedir a B que aporte razones en contra, ya que la obligación no le corresponde a B, porque no ha sido él quien ha introducido dicha afirmación).

Medicina contra esta estrategia contaminante: Indica a tu contrincante que él tiene la obligación de cargar con la prueba de las ideas nuevas que ha introducido, es decir, de justificar con razones tales ideas. Señala que te ha trasladado a ti una obligación que no tienes e insiste en que la pelota está en su tejado, no en el tuyo.

 


1. Fragmento modificado a partir de jolulipa.blogspot.com

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Grupo Gorgias -2016-

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